Tema. 14. Panorama general del Reinado de Alfonso XIII (1902-1923)

 Introducción:
El inicio del reinado de Alfonso XIII (1902-31) estuvo marcado por la crisis de 1898, que impulsó el deseo de cambio y los problemas coloniales con Marruecos. Cambio que intentaron líderes de los partidos dinásticos como Maura o Canalejas. Pero el corto alcance de las reformas no evitó que el sistema se hundiera poco a poco. Durante el primer tercio del siglo XX se acentuó la crisis de la Restauración. Su naturaleza oligárquica no respondía a las demandas de una sociedad que había cambiado debido al proceso industrializador y a la creciente urbanización. A esta crisis contribuyó el protagonismo político de Alfonso XIII. Su responsabilidad política fue alta. Por ello, la oposición al sistema derivó en un rechazo a su persona, que acabó arrastrando a monarquía, especialmente tras su apoyo al golpe de Estado del general Primo de Rivera.
 

DESARROLLO:
A comienzos del siglo XX el sistema político de la Restauración, sustentado en la Constitución de 1876, era una monarquía liberal pero no democrática y el turno de los partidos dinásticos, sostenido por la oligarquía y el caciquismo comenzó a ser cuestionado por el regeneracionismo, que propuso la modernización política,
social y económica de España. El regeneracionismo aglutinaba el malestar de todos los sectores económicos que no se sentían representados por la Restauración. Joaquín Costa censuró el sistema político y el falseamiento de la democracia, y propuso una serie de reformas económicas y educativas que se resumían en el lema “Despensa y escuela”. Propugnaba la necesidad de dejar atrás los mitos de un pasado glorioso, modernizar la economía y la sociedad y alfabetizar a la población. Defendía la necesidad de organizar la vida española al margen del turno dinástico, el desmantelamiento del sistema caciquil y la transparencia electoral. Surge una corriente de pensamiento, revisionismo político, que intentó impulsar la política de la Restauración.
Fueron primero los conservadores, liderados por Silvela, quienes trataron de emprender «reformas radicales». La tarea de Silvela fue continuada por Maura que impulsó el regeneracionismo conservador,entre 1907-1909, con su proyecto de “revolución desde arriba”. Se trataba de hacer profundas reformas políticas que renovaran el sistema sin socavar sus fundamentos. Pretendía crear un estado fuerte y capaz de gobernar, reformar la administración local para erradicar el caciquismo y articular la sociedad en partidos fuertes y apoyados en la opinión pública. Sus principios eran: defender la influencia de la Iglesia frente a las pretensiones de la izquierda de crear un Estado laico; incorporar otras fuerzas políticas al sistema, en concreto, el catalanismo conservador de la Lliga e impulsar una política expansionista en Marruecos que permitiese olvidar el desastre del 98. Por ello, España participó en la Conferencia de Algeciras de 1906 que permitió la ocupación de parte de Marruecos, lo que provocó el descontento popular por los reclutamientos forzosos que exigió.
En su tarea se toó con el catalanismo de la Lliga regionalista de Prat de la Riba y Cambó que perseguía mayor autonomía, con el republicanismo anticlerical de Lerroux, con el auge de las asociaciones y partidos obreros y con un creciente antimilitarismo alentado por la aprobación de la ley de Jurisdicciones de 1906 y el sistema de cuotas de reclutamiento. La confluencia de todos estos problemas provocó la Semana Trágica de Barcelona (1909). Tras el desastre del barranco del Lobo Maura decide enviar reservistas a Marruecos lo que provocó protestas. La situación estalla (del 26 de Julio al 31 de Julio) cuando a las protestas de los reservistas se suman las de socialistas y anarquistas, lo que acaba derivando en el asalto y quema de edificios religiosos y barricadas en las calles. La autoridad militar proclamó el estado de guerra. La represión fue dura, más de 1500 detenciones, 17 penas de muerte (se ejecutaron 5, entre ellas la de Ferrer i Guardia. Su ejecución levantó una oleada de protesta en toda Europa, y en España un grito unánime: "Muera Maura”, por lo que fue cesado por el rey.
Le sustituyo Canalejas quien intentó ampliar las bases sociales del régimen, buscando la integración política de los sectores obreros. Su programa estaba basado en la mejora del sistema parlamentario, la secularización del Estado y la intervención estatal en materia social. Defendió la separación entre Iglesia y
Estado, impulsó la libertad religiosa, frenó el monopolio de las órdenes religiosas en la enseñanza e intentó aprobar una Ley de Asociaciones Religiosas (ley del candado) que limitaba el establecimiento de nuevas órdenes religiosas, pero la oposición de los sectores conservadores lo impidió. También emprendió reformas
sociales fijando la jornada máxima de 9 horas en la minería, la ley de accidentes de trabajo, la seguridad social obligatoria, los contratos colectivos de trabajo y la regulación del derecho a la huelga; también intentó solucionar el problema catalán con la Ley de Mancomunidades Provinciales, y aprobó la ley de reclutamiento (1912) que estableció el servicio militar obligatorio sin distinciones. Su asesinato en 1912 dio paso a una serie de gobiernos de corta duración, lo que provocó la fragmentación del sistema de partidos y una creciente inestabilidad que acabó estallando en la triple crisis de 1917.
- Militar: el ejército empezó a cuestionar el sistema interviniendo en la vida política y creó las Juntas de Defensa. El Gobierno intentó disolverlas y detener a sus dirigentes por rebeldía; pero como contaban con el apoyo del rey, el Gobierno tuvo que reconócelas y admitir sus peticiones (junio de 1917).
- Política: ante el clima de tensión, el gobierno decretó la censura de prensa y la suspensión de las garantías constitucionales, lo que generó una oleada de protestas. Cambó convocó en Barcelona (julio 1917) una Asamblea de Parlamentarios. Ello originó un movimiento que exigió la convocatoria de Cortes
y la autonomía para Cataluña. Estas demandas provocaron una grave crisis política pero las Juntas de Defensa que se situaron junto al gobierno facilitaron la disolución de la asamblea.
- Social: ante la tensa situación social la CNT y la UGT crearon un comité de acción que convocó la huelga general revolucionaria el 13 de agosto 1917. La movilización se extendió por las principales ciudades de Asturias, el País Vasco, Asturias, Madrid y Barcelona, así como por Andalucía. Tras cinco días, el ejército
reprimió duramente la huelga. Pero la represión de la Huelga no significó la paz social.
El fin de la Primera Guerra Mundial (1918) intensificó la crisis económica; a la inflación de los años de la guerra se unió la contracción de la demanda, que provocó el cierre de empresas, el aumento del paro y rebajas salariales. Las protestas populares (motines, disturbios, y huelgas organizadas por la UGT y la CNT) crecieron. El estallido de la Revolución rusa animó a los republicanos a luchar por una sociedad más democrática, pero provocó un profundo temor en los terratenientes, la burguesía y gran parte de la clase media española, cada vez más favorable a una solución autoritaria que pusiera orden. El declive del sistema
fue imparable pues a la inoperancia de los gobiernos (11 gobiernos de concentración) se sumó la creciente contestación política al régimen, la conflictividad social y el desastre militar en Marruecos (desastre de Annual, 1821). El golpe militar, de Primo de Rivera en 1923 impuso la dictadura.
 

CONCLUSIÓN:
El reinado de Alfonso XIII se inicia en 1902 y concluye en 1923, con el establecimiento de la dictadura de Primo de Rivera. Este período se caracterizó por una permanente crisis política que puede explicarse por la conjunción de una serie de factores: la división de los partidos del “turno”, el debilitamiento del caciquismo (paralelo al desarrollo urbano e industrial del país), el desarrollo de la oposición política (republicanos, nacionalistas y partidos y sindicatos obreros); a los que hay que sumar el intervencionismo político del propio Alfonso XIII cuyo apoyo a los sectores más conservadores del ejército culminó en la Dictadura de
Primo de Rivera, que al contar con el beneplácito de la monarquía fue un elemento clave en el desprestigio de la monarquía y favoreció la proclamación de la República en 1931.

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