TEMA 13. EL RÉGIMEN DE LA RESTAURACIÓN. CARACTERÍSTICAS Y FUNCIONAMIENTO DEL SISTEMA CANOVISTA
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Introducción.
La llegada al trono de Alfonso XII se fue fraguando a lo largo de 1874. El proceso arranca con el golpe de estado del general Pavía (3 de enero), quien disolvió las Cortes de la I República. Se formó un gobierno provisional presidido por Serrano, quien se enfrentó a los carlistas, los cantonalistas de Cartagena y los independentistas cubanos. Entretanto Cánovas del Castillo negociaba la restauración de la monarquía borbónica.
Cánovas convenció al príncipe Alfonso para que dirigiera un manifiesto al país (Manifiesto de Sandhurst) que él mismo redactó. En diciembre el general Martínez Campos con un nuevo golpe acabó con el régimen republicano y proclamó rey a Alfonso XII. Se inicia así el régimen de la Restauración.
Desarrollo.
El gran artífice de la Restauración fue Cánovas del Castillo, quien, aunque en su juventud había militado en el partido de la Unión Liberal y participado en la revolución de 1854, con el tiempo fue adoptando posiciones más conservadoras. Fundó el Partido Conservador.
Cánovas admiraba la estabilidad política de Inglaterra y su sistema bipartidista, por lo que quería trasplantarlo a España. Pensaba que las Monarquía y las Cortes debían ser los pilares de la Restauración. No era un demócrata por lo que defendió el sufragio censitario. Tuvo a favor de su proyecto a la burguesía, cuyo miedo hacia la acción revolucionaria de las masas populares estaba justificado por las revoluciones sociales (como la cantonal). El clero y la nobleza también le brindaron su apoyo para volver al “orden” anterior al Sexenio Revolucionario.
Alta burguesía, clero y nobleza van a formar una oligarquía que controlará el sistema con el fin de perpetuar su posición preeminente en la vida política, económica y social. Cánovas fue varias veces presidente del Gobierno y murió víctima de un atentado terrorista en 1897.
A su llegada, el joven rey Alfonso XII se presentó conciliador, haciendo un llamamiento a todos los grupos monárquicos para agruparse en torno a su persona. Sus primeras medidas se encaminaron a establecer un nuevo orden que evitase los excesos del periodo anterior: acercamiento a la Iglesia, prohibición de algunos periódicos de la oposición, establecimiento de tribunales especiales para los delitos de imprenta, renovación del Ejército y de los cargos de ayuntamientos y diputaciones.
Para evitar que en el futuro volviesen los pronunciamientos militares, el rey se convirtió en jefe supremo del Ejército, con mando efectivo para acabar con el protagonismo político de los militares, tan característico de épocas anteriores. Venció a los los carlistas en 1876, y en Cuba el general Martínez Campos derrotó a los independentistas e impulsó la Paz de Zanjón, 1878.
En política interior, tras las elecciones a Cortes Constituyentes, que dieron mayoría al partido Conservador se elaboró la Constitución de 1876, que se redactó de una forma lo suficientemente abierta y flexible para permitir la alternancia en el gobierno de los dos grandes partidos que aceptaban el sistema canovista: el suyo (Conservador) y el Liberal Fusionista, entre los que hubo acuerdo, salvo en la cuestión religiosa y en la composición del Senado. Esto facilitó que estuviese vigente hasta 1923 (48 años) en el que Primo de Rivera la suspende. Sus puntos principales son:
- Establecimiento de amplios derechos (libertad individual, inviolabilidad del domicilio, libre expresión, petición, asociación, reunión...) pero regulados mediante leyes orgánicas.
- Concesión de amplias prerrogativas al rey quien nombra y cesa libremente a los miembros del Gobierno y elige a una parte de los senadores; además es el jefe máximo del Ejército; tiene la iniciativa legislativa (junto con las dos cámaras); puede disolver las Cortes....
- Confesionalidad católica del Estado Español, que se compromete al mantenimiento del culto y del clero. Pero al mismo tiempo se tolera el ejercicio de cualquier otro culto en privado (art. 11).
- La soberanía reside “en las Cortes con el Rey” (y no en la Nación, que es lo propio del progresismo). Soberanía compartida.
- Cortes bicamerales. La mitad de los senadores será designada por el Rey (de entre la nobleza, el alto clero y los grandes contribuyentes) y la otra es electiva
En cuanto al sistema político podemos decir que sus principales características son el centralismo y el autoritarismo, aunque con apariencias liberales. El centralismo se pone de manifiesto en la abolición de los Fueros de las provincias vascas (represalia por la guerra carlista) y en la reorganización de los ayuntamientos y diputaciones provinciales, que pierden autonomía de funcionamiento. Los alcaldes de las poblaciones con más 30.000 habitantes serían designados por el gobierno, el cual se encargará también de aprobar los presupuestos provinciales y municipales. El autoritarismo queda de manifiesto al intentar imponer el orden a toda costa controlando a la prensa y a los grupos de la oposición al sistema. En esa línea hay que destacar el establecimiento de la censura previa para algunas publicaciones por parte del Estado, la concesión a la Iglesia el derecho a censurar los libros que pudieran atentar “contra la moral y buenas costumbres” y la prohibición de las asociaciones políticas (partidos) que no aceptasen la Constitución.
En 1885 murió el rey, estando su esposa María Cristina de Habsburgo embarazada. El hijo póstumo, futuro Alfonso XIII, nació al año siguiente. Su madre ejerció de regente hasta la proclamación de mayoría de edad en 1902. Con el fin de continuar la estabilidad del régimen de la Restauración, Cánovas y Sagasta acordaron en el llamado “Pacto del Pardo” institucionalizar el turnismo pacífico en el poder de los dos partidos.
El sistema de la Restauración fue evolucionando hacia posiciones menos autoritarias. Así durante una de las presidencias de Sagasta se reimplantó el sufragio universal masculino (1890) y se restablecieron la libertad de imprenta y de asociación, pero fue un sistema viciado por la práctica del caciquismo. Consistía en la manipulación sistemática de las elecciones (sobre todo a partir de la implantación del sufragio universal), cuyos resultados controlaban los caciques, que por lo general eran terratenientes de zonas rurales o individuos que tenían mucha influencia en los pueblos o en las comarcas. La manipulación la hacían bien “comprando” los votos de los campesinos ignorantes, bien a través de la coacción (los caciques podían dar o quitar los puestos de trabajo), o también directamente mediante la falsificación de los votos (“dar el pucherazo”). Siempre ganaba el partido que le tocaba gobernar por turnos. El candidato oficial, llamado “encasillado”, sabía que tenía ganada la elección antes de que ésta se realizara.
Un sistema que al no ser capaz de adaptarse a los cambios sociales y económicos del país acabó favoreciendo la aparición de partidos y sindicatos obreros (PSOE, UGT) y nacionalistas vascos (PNV de Sabino Arana) y catalanes (redacción de las Bases de Manresa y creación de la Lliga Regionalista de Prat de la Ribá) que fueron creciendo a medida que no se sentían representada un sistema político que les cerraba las puertas de acceso al poder (el PSOE no tuvo representación parlamentaria hasta 1910 y porque se presentó en coalición con los republicanos).
La situación si hizo insostenible tras el desastre colonial de Cuba (Desastre del 98) por el que España, derrotada por Estados Unidos, pierde sus últimas colonias (Cuba, Puerto Rico y Filipinas). Desastre que acrecienta las críticas y denuncias que recibía el régimen de la Restauración por parte de un buen número de intelectuales regeneracionistas como Joaquín Costa, Ángel Ganivet y algunos próximos la “Generación del 98” como Ortega y Gasset, Antonio Machado, Vicente Blasco Ibáñez, Benito Pérez Galdós, Miguel de Unamuno, etc.), sin ningún éxito.
Conclusión.
A la hora de valorar el sistema canovista se suele ensalzar su estabilidad política, lo que favorece la larga vigencia de la Constitución de 1876, y el fin de los conflictos bélicos, así como una relativa prosperidad económica. Pero bajo esa apariencia son muchos los vicios del sistema. Se trata de un sistema bipartidista que excluye a las demás fuerzas políticas y que se sostiene sobre el fraude electoral y el caciquismo, e ignora los problemas de la inmensa mayoría de la población, por eso contará con la oposición del movimiento obrero y los nacionalismos. Por ello, podemos concluir afirmando que no era un régimen liberal democrático, sino doctrinario, claramente conservador y autoritario, pues, aunque externamente adoptase una apariencia liberal, ejercía un control férreo de la oposición y, en él, dadas las características del sistema electoral, era prácticamente imposible introducir cambios. Ni siquiera, tras el Desastre del 98, en el que quedó clara la decadencia del mismo y la imposibilidad de regenerar España desde los partidos del régimen, se produjeron grandes cambios y el sistema de la Restauración sobrevivió intacto al desastre hasta la Dictadura de Primo de Rivera.
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