TEMA 7. EL REFORMISMO BORBÓNICO
TEMA 7 EL REFORMISMO BORBÓNICO
1 Reformas político-administrativas
En el siglo XVIII el gobierno de los Borbones españoles se caracterizó por la centralización política y administrativa. Se trataba de imponer en todos los reinos la homogeneidad política e institucional que una monarquía moderna requería. Para ello había que unificar las leyes, abolir y derogar los fueros y los privilegios que tenían los distintos reinos de España.
Felipe V fue el monarca que impuso el absolutismo monárquico y estableció una administración unida y centralizada sobre casi todo el país. Se tomó como modelo el sistema de gobierno de la administración borbónica francesa.
Para alcanzar la uniformidad política y territorial se llevaron a cabo las siguientes reformas:
Los Consejos (creados por los R.R.C.C.) fueron perdiendo importancia aunque no desaparecieron. Solo el de Castilla conservó un papel destacado en el gobierno del país, (elaboraba informes y proyectos en política interior y actuaba como Tribunal Supremo de Justicia), aunque tenía carácter consultivo. Para cubrir el vacío dejado por la pérdida de atribuciones de los Consejos aparecieron en 1714 las Secretarías de Despacho (Estado, Justicia, Guerra, Marina, Indias y Hacienda), precedente de los actuales ministerios. Los secretarios eran nombrados y destituidos por el rey, de él dependían y a él rendían cuentas. Contaban para realizar su trabajo con un buen número de funcionarios para ejecutar las órdenes del rey y llevar la administración. Estas Secretarías estaban coordinadas por una Secretaría superior llamada Junta Suprema, dirigida por el primer ministro y creada por Floridablanca en 1787
Las Cortes (solo se conservaron las de Castilla) perdieron todo poder político y su capacidad legislativa. Quedaron abolidas las de Aragón, Valencia, Mallorca y Cataluña, lo que se planteó como castigo a los rebeldes tras la batalla de Almansa (Guerra de Sucesión)
Se modifica el mecanismo sucesorio mediante la promulgación de la ley Sálica.
Se sustituyen los virreyes por los Capitanes Generales, salvo en América. Al frente de cada provincia el capitán general tenía atribuciones militares, administrativas y judiciales, actuando como gobernador.
Se implanta la Real Audiencia o Tribunal de Justicia presidido por el capitán general.
Se crea la figura del Intendente (representante del rey en las provincias con la obligación de residir en ellas y cuyas funciones iban desde el reclutamiento a la recaudación de impuestos, pasando por el gobierno y obras públicas) al frente de cada una de las 38 provincias o intendencias en la que se divide la nación.
Cada intendencia se divide en Corregimientos, que eran demarcaciones administrativas menores (municipios) aunque con similares competencias. El corregidor era elegido por el rey de entre militares y sus competencias se veían con frecuencia invadidas por los intendentes, de tal manera que en las últimas décadas del siglo quedaron solo con atribuciones policiales y judiciales sin responsabilidad política. El corregidor elegía a los regidores que habían de acompañarle en su tarea de gobierno.
Aunque se da una disminución de la autonomía de los ayuntamientos, a partir de 1766 se produjo una “democratización” de los Ayuntamientos, apareciendo las figuras de:
El Procurador Síndico personero, representante de los vecinos en las reuniones del consistorio.
El Diputado del Común, encargado del control del abastecimiento de los mercados, del orden público y la administración de los pósitos.
Los Alcaldes de barrio, vecinos de reconocido prestigio que velaban por el cumplimiento de las ordenanzas.
Otra Institución fundamental reestructurada en esta época fue las Fuerzas Armadas que casi habían desaparecido durante el reinado de Carlos II. El ejército español se organizó conforme al modelo francés y así los históricos “tercios” fueron remplazados por los “regimientos”.
2. Reformas económicas
A lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII se van a implementar una serie de medidas para desarrollar las fuerzas productivas de nuestro país, habida cuenta del lamentable estado en que se encontraban nuestras arcas y nuestra agricultura. Ello aparece reflejado en “Informe sobre la Ley Agraria” (1794) de Jovellanos que constituye una vasta exposición de los problemas agrarios en España. En este informe se planteaba la necesidad de desvincular las tierras de “manos muertas” en poder de la nobleza, clero y ayuntamientos. Además se ponía de manifiesto la falta de instrucción de los cultivadores y la necesidad de transformación del secano en regadío.
El espíritu reformista en la agricultura se mostró a través de las siguientes medidas, que no consiguieron cambiar sustancialmente nuestro sector primario por la resistencia de los privilegiados:
Ampliación de tierras de cultivo (deforestación, desecación humedales…)
Desarrollo de los cultivos americanos (maíz, patata, alubias), y de los cultivos industriales como el cáñamo para la fabricación de velas, lino o moreras.
Aumento de riego en las regiones mediterráneas (construcción de canales, acequias,…)
Sustitución de las yuntas de bueyes por mulas (el surco al arar con mulas era menos profundo por lo que el trabajo era más rápido y se araba más tierra).
Supresión de los privilegios de la Mesta.
Difusión de nuevas técnicas y cultivos gracias a su divulgación en diarios o a través de las sociedades patrióticas.
Liberalización de los precios del trigo (1765)[4].
Distribución de bienes de propios a los labradores renteros que poseyeran yuntas.
La colonización de nuevas tierras. Se produjo a partir de 1768 como consecuencia de la escasa densidad de la población española y de su mala distribución.
En la España del XVIII la producción de mercancías se basa aún en el sistema gremial desarrollado en los talleres artesanos, mientras que en Europa empiezan a consolidarse las manufacturas o pequeñas fábricas gracias al impulso estatal (en este periodo y en estos lugares predomina la teoría económica del Mercantilismo que defiende la intervención del Estado en la economía). Los reformistas piensan que desarrollando la industria se van a conseguir mejorar las finanzas estatales. Es por ello por lo que va a venir un proceso de modernización en la industria:
Creación de Manufacturas Reales para fomentar y proteger la industria nacional.
Durante el reinado de Carlos III, (aunque se siguió potenciando las industrias estatales y se crearon nuevas manufacturas como la de porcelanas del Retiro), tuvo lugar la organización de las fábricas de algodón, creadas en Cataluña. Aparte de en Cataluña, destaca la manufactura de la lana en Guadalajara; la de seda en Granada, Valencia y Sevilla; la de lino y cáñamo,…
Pero la iniciativa privada, a nivel económico, se plasmó en la “Sociedades Económicas de Amigos del País”, nacidas de las iniciativas de un grupo de aristócratas y clérigos que intentaban potenciar las enseñanzas de las técnicas agrícolas e industriales modernas y difundirlas por todo el país.
La supresión del control y examen en el sistema gremial y la declaración de la Honorabilidad del trabajo.
A finales del XVIII se había empezado a perfilar, por un lado, la región del Norte y NE. bastante próspera, con un desarrollo preindustrial y un comercio en expansión y un campesinado estable. Y por otro lado, la región del Centro y del Sur del país, eminentemente rural, carente de industria y con un comercio limitado casi totalmente al tráfico colonial y con un campesinado pobre, carente de tierras y socialmente poco integrado. A pesar de las reformas la industria nacional estuvo lastrada por los elevados costes de producción, dificultades para conseguir materias primas, exceso de impuestos, escaso desarrollo tecnológico y limitaciones gremiales.
En el comercio se implementaron las siguientes medidas:
Supresión de las aduanas interiores en 1717, (excepto las de Navarra y P. Vasco) para facilitar la circulación de mercancías dentro de España
Creación de una flota que protegiera las principales rutas del comercio con América.
Creación de juntas de comercio y de consulados.
Para potenciarlo y proteger los intereses españoles, el gobierno impulsó la creación de Compañías privilegiadas (eran empresas que tenían el monopolio del comercio de determinados productos en algunas rutas).
A partir de 1778 la Libertad de Comercio de todos los puertos españoles con América significó el final de las Compañías privilegiadas.
Prácticamente todas las medidas estaba enfocadas al comercio con América que constituía el principal destino de nuestro comercio (85% del total), adonde exportábamos productos manufacturados e importábamos recursos primarios. Nuestro comercio con Europa era deficitario, importando productos manufacturados. Los principales puertos eran Santander, Bilbao, Sevilla, Cádiz y los puertos gallegos.
3. Reformas fiscales
Tras la victoria borbónica en la guerra de Sucesión, Felipe V intentó poner orden en las caóticas finanzas de la monarquía y para ello aplicó a los reinos de la Corona de Aragón un nuevo sistema fiscal basado en una contribución única para cada reino, centralizándose las recaudaciones en una Caja Central y una Tesorería General.
Durante el reinado de Fernando VI, su ministro el marqués de Ensenada intentó crear una única contribución sobre la renta, para todos los estamentos en Castilla (en sustitución de las Alcabalas y los Millones), para ello se elaboró un censo de los recursos y riquezas existentes en Castilla (inventario de la riqueza nacional) conocido como el Catastro de Ensenada en un intento de universalizar los impuestos.
Durante el reinado de Carlos III se introdujo por primera vez el papel moneda en España y en 1782 se estableció el primer banco nacional, el Banco de San Carlos, creado sobre todo para el control y la gestión de los vales reales (deuda pública emitida para hacer frente a las necesidades militares y de política exterior) y también para apoyar las finanzas del Estado. También se introdujo la Lotería nacional.
No tuvo éxito el intento de unificar las monedas de los antiguos reinos.
4. Reformas urbanísticas y transformaciones en la vida ciudadana:
El reinado reformista de Carlos III produjo también transformaciones en la “calidad de vida ciudadana”, especialmente en Madrid, donde con el apoyo del arquitecto napolitano Sabatini, emprendió la tarea de empedrar, alumbrar, alcantarillar y dar seguridad a las calles. Se protegió al vecindario con la figura de los serenos, se atendió a la limpieza y salubridad ciudadana, abasteciendo de agua a las principales ciudades, empleando un sistema de recogida de basura y regulando los enterramientos, disponiendo de lugares especializados fuera de las iglesias, como era costumbre hasta entonces. Nació el transporte público en forma de ómnibus, un carruaje tirado por caballos que permitía el transporte de varios pasajeros. Otras transformaciones afectaron a la vestimenta o cambio de indumentaria, por la que acabó perdiendo preponderancia el antiguo traje español y se fue introduciendo la moda y costumbres francesas. Fue Esquilache, ministro de Carlos III, el que intentó prohibir el uso tradicional de la capa larga y del sombrero grande y redondo (el chambergo) y sustituirlo por la capa corta y el sombrero de tres picos. La negativa por parte de la población a adoptar esta medida llegó a producir un “Motín” El Motín de Esquilache, en 1766. También se puso de moda el uso del “miriñaque” entre las damas de la aristocracia española, o la difusión de las gafas con patillas, los lunares postizos o el éxito del perfume conocido como “agua de colonia” por haberse inventado en esa ciudad alemana en 1709.
3.5. Reformas religiosas y modernización de la enseñanza.
El pensamiento de la minoría ilustrada española se reflejó en la reforma y modernización de la enseñanza, pretendiendo centralizarla y secularizarla. Para ello tenían que acabar con las autonomías didácticas y convertir la enseñanza en una empresa del Estado, acabando con el monopolio eclesiástico. En este sentido y teniendo en cuenta el “Regalismo” borbónico (imposición de la Corona sobre la Iglesia), se llevó a cabo la expulsión de los jesuítas de España en 1767, que sucedió a la expulsión del nuncio de Madrid en tiempos de Felipe V. Esta orden jesuítica constituía la oposición ideológica al espíritu ilustrado, por lo que fueron vistos como un símbolo del Antiguo Régimen, además durante doscientos años habían sido los máximos representantes institucionales de la influencia del Papa en la Europa central y occidental. Por otro lado por el control que ejercían sobre la educación de calidad y su influencia como confesores de la realeza y aristocracia, se habían atraído la suspicacia de los monarcas católicos de diversos países. Y Así tras ser acusados de participar y apoyar el Motín de Esquilache, se decretó su expulsión y el cierre de sus casas y colegios.
Esta política secularizadora desembocaría en las medidas desamortizadoras que afectarían a bienes de la Iglesia en tiempos de Godoy para paliar su descabellada política exterior, y que sería el prólogo de las desamortizaciones decimonónicas.
La modernización de la enseñanza afectó a todos los niveles de la misma. La enseñanza primaria: creando numerosas escuelas y mejorando la formación de los maestros.
4. CONCLUSIÓN
El S.XVIII se inició en España con una ruptura. El final de la dinastía de los Habsburgo, planteó la sucesión de la Corona española como una cuestión de política internacional. La instauración de la nueva dinastía francesa de los Borbón se realizó mediante una larga guerra europea y civil.
La llegada de los Borbones al trono español significó la implantación del absolutismo real, la aplicación de medidas que trataban esencialmente de introducir elementos de reorganización, racionalización y centralización en el estado heredado de los Habsburgo. La llegada al trono de Carlos III inició un reformismo ilustrado sin poner nunca en duda el poder y la autoridad real.
Todo el conjunto de principios sobre los que se sustenta el Antiguo Régimen en España, entrarán en crisis con el estallido de la Revolución Francesa en 1789 y la llegada al trono español de Carlos IV.
Será entonces cuando se inicie un proceso que en poco más de cuarenta años abrirá paso al liberalismo político. Las disputas internas del reinado de Carlos IV, el motín de Aranjuez, la invasión francesa y el alzamiento de Mayo de 1808, inician el largo proceso que conducirá a la caída del Antiguo Régimen en 1833, con la muerte de Fernando VII, el último rey absoluto en España.
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